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La Religión: un precioso camino en línea recta al infierno

¿Eres una persona muy religiosa? ¿Te consideras así?

Pues cuidado… porque el infierno está lleno de religiosos de los cuales Satanás está y estará riéndose día y noche por toda la eternidad.

¿Por qué consideras que vas a entrar en el Reino de los Cielos?

“Porque soy alguien agradable y desprendido con los demás. En mi vida jamás he roto un plato. Nunca he robado ni matado a nadie”. Muy bien, en el infierno estarán contentos de que, aparte de los mayores criminales e hijos de puta de la historia de la humanidad, por lo menos, entre alguien tan agradable como tú.

“Soy muy bueno y creo en Dios”. Y Satanás también cree en Dios… no solo eso: tiembla cuando escucha Su nombre.

“Estoy bautizado”. Eres un impío perdido y sin Dios al que dieron un buen remojón a los pocos días de nacer.

“Leo la Biblia a diario”. Y la lectura es un magnífico y muy sano hábito. El saber no ocupa lugar. Serás uno de los habitantes más cultos de la Gehenna, de eso no hay duda.

“Hice una oración aceptando a Cristo como mi Señor y Salvador”. Pero, sin embargo, si no crees con el corazón, que eres pecador y que al decir “te acepto” debes renunciar a tus pecados, sino, al contrario, no reconoces tu culpa, ¿como reconoces, entonces, “al Salvador”? ¿”Salvador” de qué, si no reconoces culpa alguna? Puedes llamarlo “Señor” pero sin poner tu vida bajo su Señorío. Puedes repetir mecánicamente una frase que no entiendes. No invocas su perdón, todo es una frase en la que te dejas llevar por la emoción del momento.

La cuestión ES MUY SIMPLE:

Dios existe y si al morir no tenemos parte en Él, iremos directamente al infierno. Sin embargo, a causa del pecado, nuestra relación con Dios está rota y nuestros ojos entenebrecidos a su luz. Esta relación solo puede restaurarse a través de Jesucristo como Salvador. Pero no solo es Salvador, sino también Señor. Lo que implica que, una vez estemos bajo su Señorío, nuestra vida no se va a parecer a la anterior. Pero no por ritos que cumplamos o nuestros esfuerzos, por nuestra propia justicia, sino porque, por obra de Dios, nuestra vieja naturaleza es crucificada. El viejo hombre muere y nace uno nuevo. Mira tu vida y ve si Cristo la ha cambiado, NO que tú la hayas cambiado. Mira tu vida y ve, si el Espíritu Santo, es el que gobierna tu corazón, NO que tú eres el que gobierne. Mira tu vida, y juzga si eres un hijo de Dios, que amas hacer la “voluntad de Tu Padre”, NO que tú amas hacer tu propia voluntad.

NADIE SE SALVA POR LO QUE HACE, SINO POR LO QUE ES.

En la cristiandad, hoy día, hay religión suficiente para llenar de almas perdidas el infierno.